n.7, vol 2, ene. 2018

PRESENTACIÓN
Recientemente han salido a la luz las cartas intercambiadas entre José Saramago y Jorge Amado y en ellas se patentiza el valor que – eventualmente – puede proporcionarle al escritor la recepción de un Premio Nobel. Así lo atestigua una de las últimas cartas dirigidas al brasileño con fecha 9 de octubre de 1997 en la que el portugués se muestra apaciguador respecto de la ansiedad que reconoce en el amigo: “Querido Jorge, no hay nada que hacer, a ellos no le gustamos, no les gusta la lengua portuguesa (que debe parecerles sueca…) no les gustan las literaturas que en portugués se piensan, sienten y escriben. No hay metro que alcance para medir la estatura de un escritor llamado Jorge Amado, y eso para no hablar de otros bastante menores, entre los cuales la voz pública insiste en colocarme. Tenemos que aprender a nada esperar de Estocolmo por mucho que vengan a recitarnos loas al oído. La experiencia de injusticia a la que has estado sujeto durante años y años debe llevarte, imagino, a encoger los hombros delante de esas continuas provocaciones suecas. Pero aquellos, que como yo, ven en ti nada más y nada menos que el Brasil hecho literatura, se indignan con esa irremediable falta de sensibilidad y de respeto de los nórdicos”.

Sabido es que Saramago se mostró, públicamente y en las misivas reunidas en Com o mar por meio. Uma amizade em cartas, favorable al nombre de Jorge Amado para el primer Premio Nobel a um escritor de lengua portuguesa. El deseo, lo sabemos ahora, cincuenta años después, estuvo próximo de cumplirse: el nombre del autor de Capitanes de Arena aparece entre los mencionados en una lista del galardón de 1968. Sin embargo, el hecho nunca se materializó. Jorge Amado murió con la angustia de un agraviado.

Por el otro lado, esto es, el de la expectativa del amigo brasileño de que el autor de Memorial del Conventoganara la honra, esta se hizo efectiva en 1998. Y la conmemoró como si hubiera recaído sobre él mismo. “Acabo de saber que el Premio Nobel fue concedido al escritor portugués José Saramago. La noticia me causa gran satisfacción. Si alguien merece el Nobel, este alguien es José Saramago” decía la nota que Jorge Amado, ya muy abatido por las intermitencias del tiempo, le dictó a la hija Paloma y a la compañera Zélia Gattai y que fue enviada por carta a Saramago con fecha 8 de octubre de 1998. Hay que decir que Paloma, junto con Bete Capinan y Ricardo Viel, organiza la edición de las cartas publicadas en 2017 por la Companhia das Letras.

Em 2018, veinte años después de la conquista, todavía celebramos, por Jorge Amado y por la literatura de lengua portuguesa, y porque – el lector perdone nuestra modestia – en una lista muy irregular como la de la Academia Sueca, el reconocimiento a José Saramago fue uno de los más honestos.  Sucede que no se trata sólo de un escritor de relevancia en lo que se refiere a la expansión de las fronteras de la creación literaria sino de una figura de presencia política significativa entre los pensadores de la contemporaneidad, capaz de no restringir su intelectualidad a los círculos íntimos o a favor de un ego narcisista, capaz también de usarla a favor de, públicamente, incitar los debates más caros, urgentes y necesarios para una revisión de los rumbos tomados por la civilización occidental. Si analizamos la lista de los galardonados con el Nobel encontraremos pocos con el talento de armonizar esas dos dimensiones fundamentales para la comunidad humana: el compromiso con la palabra y el compromiso con el hombre y su tiempo.

Antes y después del Premio Nobel, José Saramago recibió homenajes diversos en todos los rincones del mundo. En Brasil, por ejemplo, donde hace mucho asume unanimidad entre los lectores -un gesto sólo alcanzado en ese país por nombres como Eça de Queirós y Fernando Pessoa- varias universidades lo distinguieran Doctor Honoris Causa: el primer título vino un año antes del mayor de los reconocimientos, por la Universidad de Brasilia y, gran parte de los demás, un año después de Estocolmo, en un movimiento conjunto de diversos departamentos de Letras y de Literatura.

Y, para subrayar que su vigorosa actitud ética no es una interpretación impresionista, basta recordar que el escritor no dejó de hacer de las honras recibidas en aquel 1999 una ocasión de reflexión crítica, literaria y política al mismo tiempo. O incluso, la transformación del acontecimiento en gesto cuestionador. Es conocido su rechazo a la distinción ofrecida por la Universidad Federal do Pará, después de saber que el estado era gobernado por aquel que se mostró connivente con la masacre de Eldorado dos Carajás. La ida del escritor al estado era una clara estrategia para el silenciamiento mediático sobre lo sucedido ya que la fecha de entrega fue cambiada a propósito para hacerla coincidir el primer día de juicio sobre la muerte de los 29 trabajadores rurales del Movimiento de los Trabajadores SinTierra asesinados.

De la misma manera, en el banquete de recepción del Premio Nobel, em outro gesto ético perfectamente alineado con el del rechazo del Doctorado Honoris Causa em Pará, Saramago subraya el valor olvidado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que entonces celebraba medio siglo de promulgación: “En este medio siglo no parece que los gobiernos hayan hecho por los derechos humanos todo aquello a que moralmente estaban obligados. Las injusticias se multiplican, las desigualdades se agravan, la ignorancia crece, la miseria se esparce. La misma esquizofrénica humanidad capaz de enviar instrumentos para estudiar la composición de sus rocas, asiste indiferente a la muerte de millones de personas por el hambre. Se llega más fácilmente a Marte que a nuestro propio semejante”.

Este discurso del escritor agudiza um alerta que há sido notoriamente ignorado. Los gobiernos que tendrían que ser instrumentos para el pueblo están cada vez más alineados a modelos oscuros basados en intereses de dominación e ignoran, siempre, la justicia y el celo por el bienestar colectivo.  En este último tiempo, los tímidos avances que algunos proyectos representaron se tornan obsoletos bajo la institución legislativa de la barbarie. En el mismo orden, los ciudadanos que podrían irrumpir en una revolución capaz de hacerle ver al Estado lo que éste se exime de cumplir, están entretenidos con la parafernalia vendida por el capital. Todo indica que, de esta modorra sólo despertaremos cuando sea tarde porque las luces que hay en el horizonte parecen destinadas a fenecer frente al poder iluminador de la villanía instituida. Por este motivo, recordar el trabajo de hombres como José Saramago se inserta en el territorio de las urgencias; rarean estos interesados en promover un guiño en pro de la humanidad. El legado mayor del escritor fue el de motivarnos para la acción por creer que sin este ejercicio inusual, el programa civilizatorio en su conjunto estará condenado al fracaso. Las señales en la contemporaneidad ya lo demuestran, y en función de esa evidencia, resistir se torna una palabra de orden y de actitud.

Equipo Editorial

ÍNDICE

Ensayo sobre la ceguera. Silencios
LUZIA APARECIDA BERLOFFA TOFALINI
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Porque eu sou do tamanho que vejo. Análisis comparativo de las tres 
obras ilustradas de La flor más grande del mundo, de José Saramago
SANDRA ISABEL DOS SANTOS CARDOSO
resumen :: ver texto

Saramago y la astrología. Estudio del poema “Signo de escorpião”
RODRIGO CONÇOLE LAGE
resumen :: ver texto

Alegorías saramaguianas en El hombre duplicado
NEFATALIN GONÇALVES NETO
resumen :: ver texto
El silencio cómplice de Geneviève Leibrich, traductora francesa de José Saramago CÉLIA CARAVELA resumen :: ver texto Formas y figuras de la desubjetivación en las novelas de José Saramago y Teolinda Gersão MIGUEL ALBERTO KOLEFF resumen :: ver texto El nihilismo político: camino para una renovación de la democracia en José Saramago JAIME SÁNCHEZ NARANJO resumen :: ver texto * Los textos estan en formato PDF. Ver edición completa.